Vistas de página en total

miércoles, 17 de octubre de 2012

Macau

SAFGS



En este periplo que hemos emprendido, y que nos llevará por cinco países y dieciocho ciudades. Si, será largó, sin duda, pero también maravilloso, emocionante y divertido. ¿Para qué sino, iniciarlo?

Este viaje, nos trae ahora a Macau. Que sugerente es este nombre, te deja con ganas de más. Exactamente lo mismo que te pasa cuando llegas al puerto de Macau, por la mañana temprano, cuando el sol comienza a salir y ves un amanecer en rosa. 

Aún a esta hora no hace mucho calor, y me he sentado en una pequeña escalerilla en la proa del barco para contemplar el puerto, adonde se está acercando nuestro barco rápidamente, pero alcanzo a ver mucha actividad, preparando nuestro abordaje, sólo han pasado unos quince minutos pero el sol ya ha salido y sus rayos calientan, aún más el ambiente. Mmmmmmm! Me desperezo puesta en pie, y me estiro completamente, con muchas ganas ya de saltar a tierra. 

Pasados los trámites habituales, los chinos son muy rápidos y eficientes, si aún no lo sabéis, son también ruidosos y gritones, vociferantes incluso, además de apresurados y te empujan y se empujan, apretándome por salir todos al mismo tiempo, por la misma, pequeña, puerta que da a la luz.

Entré en Macau, como el que entra en un sueño. Parecía salir un humo del suelo, que tamizaba el paisaje, dejándolo todo envuelto en una bruma deliciosa, como la espuma sutil de la leche en un café. Siempre a vueltas con la dura realidad, apenas das un par de pasos y te das cuenta de que la bruma que sale del suelo, es sólo efecto de la sublimación, vamos que la  humedad del ambiente, al chocar contra el suelo caliente se torna gas. Sea por el motivo que sea, el caso es que uno siente que flota cuando entra en Macau, caminas sin verte los pies, y eso es fascinante, o por lo menos lo es para mi.

Ahora hace mucho calor y son solo las 10 de la mañana, alrededor de 27 grados diría yo. Temperatura fantástica para mi que nací en una isla calurosa y húmeda, pero no tanto para las dos señoras inglesas de más de ochenta años que nos acompañan en la excursión, son como los personajes de una novela de Ágata Christie, de repente se me ocurre pensar que ante nosotros aparecerá un cadáver y ya estoy analizando a todos los que vamos en la excursión para ver quien puede ser el asesino, porque a Poirot ya lo tengo localizado, con un ligero acento australiano, pero que se le va a hacer, la realidad se impone.

Macau es bella, elegante, calurosa y húmeda. La bruma que la envuelve la hace glamurosa y distinguida como pocas, por sus venas corre sangre lisboeta, y ese sello impera sobre todo lo demás. Que más da que la religión más practicada sea el budismo, y que deba su nombre a la palabra usada por los aborígenes que recibieron a los conquistadores portugueses para designar el templo de la diosa Shiva, señora de esta península de tierra que se adentra en el mar de China. Macau es portuguesa de la cabeza a los pies, aunque ya nadie hable portugués, ni sepa que significan los primeros caracteres de la frase primera impresa en todos los nombres de la calles y de los rótulos de los edificios oficiales...

Macau es portuguesa porque es alegre y bulliciosa, romántica y disfrutona, cadenciosa para poder andar sobre esas calles empedradas en pendiente y por esas escaleras hay que dejar ir las caderas para que se acoplen al ritmo que te marca, a la melodía sutil que la envuelve.

Y, de repente ahí estaba, el amor apareció de nuevo, si ya lo dice la canción, que el amor está en todas partes, sólo tenemos que afinar la vista y aguzar el oído.

Mientras daba vueltas por Macau, sin pensar y sin objetivo, ni horario alguno al que sujetarme, más allá de poder regresar al ferry que me sacaría, lamentablemente de allí, me fijaba en las casas y los balcones de finales de siglo, típicos de la época colonial, y presentes en todas las capitales tropicales a las que había ido. Es llamativo, que a pesar del mal, del salitre y de la importante humedad del ambiente, aún se conservaran tan bien todas estas casas, después de tanto tiempo.

Me llamó, especialmente, la atención una de las casas al final de una calle, azul verdosa, como el agua del mar que rodea la ciudad, con un balcón impresionante, lleno de puertas blancas que daban al mismo, y lleno de flores, de buganvillas frondosisimas de todos los colores: verde, rosa, naranja, blanco, amarillo, azul... Una amalgama de colores intensos lo envolvía y de repente lo vi, apoyado en la barandilla, supuse, porque desde abajo no se veía. Un anciano caballero, de pelo blanco, con sombrero y una chaqueta guayabera blanca mirando al mar, a los barcos que se acercaban desde el horizonte, con mirada de ensoñacion, mientras fumaba despacio. De repente, miro hacia abajo, me vio y me sonrió, pero enseguida volvió a levantar la cabeza y mirar al horizonte. 

Hay que estar muy seguro  de que quien quieres está a punto de llegar, para que nada más te entretenga, porque sabes que no tendrás calma hasta que llegue y por eso, sólo estas pendiente del camino que lo traerá de nuevo hasta ti.

No hay comentarios:

Publicar un comentario